El juego de los patos


Toca la campana en la escuela rural, y todos salen en estampida. Es la hora del patio. El grupo de Marcos se sienta cerca de la verja de la granja y espera a Cristian: él suele repartir los papeles para el juego de los caballeros.
Después del bocadillo, los niños se preparan para el juego. Marcos está nervioso, le gustaría mucho ser el protagonista, el caballero jefe, pero siempre le toca hacer de criado o de mensajero del rey. A ver hoy:
- Marcos, tu eres mi criado.
- Vale.
No se atreve a decir nada. Siente gran admiración por Cristian, lo considera muy ingenioso. Pero no le gusta el papel que le da, y eso le pone triste.
Al día siguiente el juego se repite, y esta vez a Marcos le toca hacer de cocinero. Entonces dice:
- No, Cristian, yo prefiero ser el rey.
Cristian responde:
-Pues yo no juego
- Bueno… Es igual, haré de cocinero.
Al tercer día Marcos ya no quiere jugar. Esta inquieto. Se va a la granja y se pone a mirar a los patos. En ese momento arrancan a volar en bandada. La bandada tiene un jefe. Al día siguiente llega a la misma hora y ve también a los patos echando a volar. Se diría que hoy el jefe es otro.
Por la noche sueña que puede volar como los patos y que va el primero. Cuando arranca a volar está solo, pero luego aparecen los patos y hacen grupo con él. Mientras vuelan, hay dos que se quedan atrás. Entonces el jefe de grupo le dice a Marcos y a otro que va delante que se queden a esperar a los últimos y se enganchen por detrás al grupo. El jefe de grupo no es el que manda: es el que ve si alguien necesita ayuda.
Cuando despierta aun tiene vivo el sueño en su cabeza. Le ha gustado lo que hacían los patos.
Llega el recreo y Marcos acaba el bocadillo antes que nadie. Está ansioso por proponer un juego que ha inventado.
-¿Quién quiere jugar al juego de los patos?
Cristian contesta:
-Juega tu, patoso.
Los demás ríen; Marcos se pone rojo y se aguanta las ganas de discutir. Se va.
Esa noche vuelve a soñar con los patos. Y le viene a hablar el jefe de grupo.
-¿Cómo querrías que fuera Cristian, para que no te de miedo hablar con él?
-Pues ,a ver... podría ser más pequeño...?
-Concedido!
Al día siguiente en el patio se repite la escena:
-¿Quien quiere jugar al juego de los patos?
-Juega tú, patoso- responde Cristián.
Marcos se gira y al mirar a Cristian lo ve como si se convirtiera en una miniatura, y entonces recuerda su sueño. En lugar de ponerse triste y furioso, dice:
- No me importa, voy a jugar con otros que sí querrán saber como es. ¿Quién viene?
Cinco niños levantan la mano y siguen a Marco hasta el fondo del patio
- Vamos a hacer como los patos cuando vuelan. Primero tenemos que correr en escuadrilla y aprender a hacer los giros a la vez, como si formáramos todos juntos un avión.
Cristian y los otros venían a espiar y se reían.
Ellos practicaban corriendo de lado a lado del patio en escuadrilla, y cada día lo hacían mejor. Se iban añadiendo niños y la bandada crecía. Cada vez que se añadía uno nuevo, como no sabía correr bien se quedaba retrasado. Entonces Marcos daba la orden a dos de cabeza que le hicieran de escolta.
El maestro se enteró de que en los recreos había una bandada de patos que daban vueltas por el jardín y fue a verlos. Le gusto tanto el juego que decidió incluirlo en el festival de final de curso.
Empezaron los ensayos, y como el festival era para toda la clase... Cristian y sus amigos se tuvieron que añadir al grupo. Marcos se dio cuenta de que en el juego de los patos daba igual quien fuera el jefe porque estaban siempre cambiando de sitio. Vio que Cristian ocupaba su lugar sin protestar.
El festival, mientras los niños hacían de patos, la granjera hizo que sus patos volaran por encima del campo de futbol del colegio, y todos los padres dijeron:
-¡Oooooooh... que bonito! ¡Si hacen lo mismo!
Aquella noche, Marcos también soñó con los patos y con la granjera que los había traído. Al día siguiente le fue a preguntar a la granjera:
- ¿Todos los animales tienen secretos? A mí los patos me han enseñado uno.
- Si, los animales son muy inteligentes. Como no entendemos su lenguaje, tenemos que observar bien lo que hacen. Tenéis suerte de estar cerca de la granja, podéis venir cuando queráis y mirarlos, a ver qué animal os cuenta su secreto.
Los niños seguían jugando cerca de la verja de la granja, y Cristian y Marcos, mientras comían el bocadillo, se dedicaban a mirar a los animales con gran curiosidad: un día a las hormigas, otro a las ovejas, otro a los caballos. ¿A que jugaremos ahora?



Adela Suñer



No hay comentarios:

Publicar un comentario